Ucrania: El Donbáss y la destrucción del modelo liberal-oligárquico

Por Alberto Cruz

CEPRID La importancia de lo que ocurre en Ucrania es vital no sólo para los pueblos de Europa sino para los del resto del mundo. Ante la vuelta del fascismo, alentado por EEUU y la UE, ha aparecido un frente claramente antifascista y anti neoliberal-oligárquico que, si triunfa, será la esperanza de los pueblos.

Con la llegada de los filonazis al poder en Ucrania se ha abierto un periodo político muy peligroso en el mundo. Por primera vez desde la II Guerra Mundial un gobierno tiene representantes de partidos fascistas como ministros y viceministros en áreas tan importantes como Fuerzas Armadas, Seguridad Nacional (Policía), Educación y Agricultura.

El nuevo presidente, Piotr Poroshenko, mantiene en su totalidad a los integrantes del gobierno de la junta filonazi de Kiev –y uno y otros cuentan con la protección y reconocimiento de EEUU y la UE- y uno y otros, día tras día, repiten hasta la saciedad que van a luchar “contra la ocupación rusa”. Su carácter nazi se manifiesta tanto en los símbolos y banderas que exhiben como en sus declaraciones, como las del primer ministro Arsenly Yatsenyuk (no se olvide, el preferido de EEUU), calificando a los pobladores del Donbáss rebelde como “subhumanos” (1). Este término es abiertamente nazi, el mismo que en 1941 utilizó Hitler (Untermensch) para sustentar toda la teoría nazi sobre la “gente inferior” y que, por lo tanto, podría ser eliminada. Lógicamente, Yatsenyuk está diciendo que todo tipo de violencia contra los resistentes del Donbáss es permisible.

¿Sorprendidos? Pues hay más: la Agencia de Bienes Inmobiliarios de Ucrania anuncia que la tierra del Donbáss será asignada gratuitamente a los miembros de los servicios especiales del Ministerio del Interior y del Ejército que están luchando contra los federalistas de Donetsk y Lugansk (2). Exactamente lo mismo que hizo Hitler al impulsar el Lebensraum, el espacio vital hitleriano que se sustentaba en la entrega de “tierras gratuitas” de los territorios conquistados.

¿Por qué el énfasis en las tierras? Porque se copian, paso a paso, las políticas desarrolladas por el nazi por excelencia de Ucrania, Stepan Bandera, durante la II Guerra Mundial y que se sustentan en aprovechar las tradiciones del segmento reaccionario de la población de Ucrania para obtener el control de una tierra que ha sido considerada como “el granero de Europa”.

La diferencia entre el ahora, 2014, y el antes, 1941-1945, es que el avance nazi no va acompañado de la presencia de tropas extranjeras –entonces de Alemania y sus aliados- aunque la naturaleza coercitiva de la junta de Kiev está fuera de toda duda. Al igual que entonces los nazis despojaron a la población de la Ucrania ocupada (que formaba parte de la Unión Soviética) de todos los derechos civiles, ahora se hace lo mismo con los adversarios de la integración en la Unión Europea y se les acusa de separatistas y terroristas. De hecho, ya han abandonado el Donbáss 110.000 personas, según ha tenido que reconocer la parcial ONU. Y, como entonces, vemos una relación simbiótica entre los fascistas y el gran capital. Los oligarcas ucranianos financian de forma abierta a los nazis. Como caso más paradigmático está el de Igor Kolomoisky, propietario entre otras cosas del Privat Bank (algunas de sus oficinas fueron quemadas en Donetsk (3) en el mes de mayo tras la celebración del referéndum de autodeterminación), que está financiando la formación de escuadrones de la muerte como el llamado “Batallón Azov” –formalmente integrado en el Ministerio del Interior y que luce entre sus emblemas símbolos que utilizaron las tropas nazis que ocuparon Ucrania durante la II Guerra Mundial- que se ha distinguido por su crueldad contra la población civil de Mariupol, Krasnu Luch, Slavianks, Shastye y Stanitsa Luganskaya, entre otras ciudades. Este oligarca, impuesto por la junta filonazi de Kiev como gobernador de Dnepropetrovsk, también está relacionado con la matanza de Odesa y ha dicho públicamente que “acabará con los separatistas de todos los modos”. Uno de esos modos es, aparte de las matanzas, el ahogo financiero puesto que desde su banco se limita y/o congela los ahorros de los clientes del Sur y del Este de Ucrania y otro es amenazar con el despido –también es propietario de minas y empresas siderúrgicas- a los trabajadores que secunden las protestas contra Kiev (4).

¿Quiénes son estos “separatistas” de Donetsk y Lugansk, la cuenca del Donbáss? Surgidos de un movimiento anti-Maidán han visto cómo una tras otra de sus peticiones han sido desoídas por la junta filonazi de Kiev: primero, el respeto a su lengua (el ruso); el segundo, la federalización. Ambas fueron desoídas y rechazadas, como ahora también hace Poroshenko. Ante ello eligieron su propio camino con la celebración de sendos referendos de autodeterminación y proclamaron las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk.

La antítesis del Maidán

Al contrario que quienes poblaron el Maidán, los anti-Maidán son tolerantes con los izquierdistas porque entre ellos están casi todos los izquierdistas del Este y del Sur de Ucrania, son tolerantes con los símbolos soviéticos, defienden las estatuas de Lenin y en lo único que son intolerantes es con los símbolos nazis. Los “separatistas” son la antítesis de ese Maidán tan alabado por algunos “progres” occidentales que ahora se esconden intentando que la responsabilidad del auge nazi, que la tienen, no les alcance a ellos.

Los “separatistas” son un conglomerado de gentes y organizaciones donde coinciden fotos y banderas de Lenin con las banderas rojas, la bandera tricolor de la burguesía rusa –la enseña oficial tras la desaparición de la URSS- y las banderas con el doble águila zarista de los nacionalistas rusos. Símbolos mixtos que reflejan de forma clara las fuerzas políticas y de clase que forman parte del movimiento anti-Maidán y con un mismo común denominador: el rechazo al fascismo, que simbolizan unos y otros en la Cinta de San Jorge, el símbolo que el Ejército Rojo convirtió en emblema de la lucha contra el fascismo. Pero en esa relación de fuerzas los trabajadores industriales son quienes dan un contenido claramente antioligárquico al movimiento.

Esta es la faceta que los aduladores occidentales del Maidán se niegan a reconocer por su aversión a la lucha de clases. Y es que a revuelta del Donbáss es algo más que una reacción a las medidas de la junta filonazi de Kiev y sus patrocinadores occidentales. Es la destrucción del modelo liberal-oligárquico que se ha venido desarrollando no solo en Ucrania y en los países del Este de Europa en los últimos años. Un modelo mundial que es la restauración del capitalismo en estado puro y que no duda en fomentar y alentar el nazismo cuando la resistencia se torna tan dura que pone en peligro sus planes de reducción drástica del bienestar social, la atención sanitaria, la educación, las pensiones para los mayores…

Las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk tienen una disyuntiva que se va clarificando a medida que pasan los días y según evoluciona la correlación de fuerzas en su interior. Si no hace mucho se oponían a nacionalizar los bienes de los oligarcas, ahora prometen hacerlo y lo mismo con las propiedades estatales ucranianas aunque todavía, en un ejercicio de funambulismo, dicen que luego una parte de ellas serán privatizadas (es de suponer que en un guiño a los capitalistas rusos). Es una medida que las autoridades de estas repúblicas se han visto obligadas a tomar porque las milicias ya han tomado el control de la Oficina Regional del Tesoro y del Banco Nacional de Ucrania (16 de junio) por lo que, de hecho, el sistema financiero de Kiev ya está paralizado en el Donbáss. Tunto a estas tomas también se hizo lo mismo con las oficinas de la Compañía de Calefacción y Energía de Donetsk, propiedad del oligarca Rinat Ajmetov, el magnate más rico de Ucrania.

La cuenca del Donbáss tiene la riqueza suficiente para sostener una entidad estatal propia, siempre y cuando opte por una moneda diferente de la ucraniana. Es lo que hizo la rebelde Transnistria cuando decidió separarse de Moldavia en 2006 tras celebrar un referéndum de autodeterminación que logró el 97% de votos afirmativos. Ya desde 1992 existía una separación de facto de Moldavia después de un enfrentamiento bélico de tres meses que terminó en tregua ese mismo año. Aunque no es un estado reconocido, tiene su propio gobierno, parlamento, ejército, policía, sistema postal y moneda, el rublo de Transnistria, desde 1994. Esta moneda propia ha hecho de Transnistria un estado floreciente, donde se mantiene un sistema de economía mixta y que alcanza cerca de 500 millones de dólares de Producto Nacional Bruto. El Donbáss es mucho más rico. En 2013 Donetsk exportó mercancías por valor de 12.400 millones de dólares y Lugansk por valor de 3.500 millones (5). Es decir, la cuenca del Donbáss exportó más de la cuarta parte de toda Ucrania, lo que supone una base sólida para constituirse como entidad independiente y más si se nacionalizan los bienes ucranianos y oligárquicos.

Este es un movimiento que aún está por concretar, puesto que en función de cómo se desarrolle la guerra en curso y las conversaciones que se están manteniendo con Kiev: el Donbáss se podría contentar con una federalización en Ucrania si se dota a la cuenca de amplios poderes en todos los ámbitos, económicos, sociales y políticos. Esto también tiene que ver con los últimos movimientos de Rusia, que ve en el movimiento anti-Maidán una amenaza para los capitalistas rusos, lo que explicaría –dejando a parte el factor geopolítico- el por qué Moscú está haciendo todo lo posible para enfriar el movimiento: primero, pidiendo la suspensión de los referendos de autodeterminación (lo que no se hizo); segundo, reconociendo las elecciones que hicieron presidente a Poroshenko; tercero, cerrando las fronteras cuando ciertos puestos fronterizos fueron tomados por las milicias del Donbáss (6), y, cuarto, anulando el permiso que la Duma otorgó al presidente Putin para enviar tropas al Este de Ucrania en defensa de la población local.

El Donbáss es la vanguardia del movimiento antioligárquico en estos momentos, por eso hay que derrotarlo. Y por eso los fascistas ucranianos lo combaten con odio. Son un ejemplo peligroso y no tiene nada que ver con el supuesto “imperialismo ruso”. Se están enfrentando a los oligarcas, la nueva clase capitalista que robó fábricas, minas, granjas, tierras y ha dejado al pueblo ucraniano, del Donbáss en concreto, en la miseria. Están reclamando la propiedad de los medios de producción, por lo que su ejemplo es algo que trasciende a Ucrania y debe ser objeto de apoyo por parte de los trabajadores de todo el mundo.

Mientras la progresía europea se instala en la inacción o se esconde para eludir sus responsabilidades antes que volcarse en apoyo al movimiento anti-Maidán, lo que supondría reconocer sus errores anteriores y no sólo con Ucrania, los fascistas ucranianos lo tienen claro y no sólo están combatiendo a la vanguardia del movimiento antioligárquico que ahora está en el Donbáss, sino que están pasando a la acción contra todo tipo de protesta en el Oeste del país donde ya se comienzan a gestar movimientos de rechazo no sólo a la guerra sino a las medidas que la junta filonazi está imponiendo por iniciativa de la UE y EEUU: subidas del precio del gas del 55%, de entre el 10% y el 40% de la electricidad dependiendo del volumen de consumo, del 78% del agua.

Es sólo la primera etapa de un aumento progresivo de precios, que van emparejados con la privatización de los servicios, que seguirá creciendo progresivamente al menos hasta el año 2017 según el acuerdo con el FMI y el Banco Central Europeo de la UE. Ya ha habido palizas a trabajadores en huelga que pretendían expresar su rechazo a la medida de la junta filonazi de congelar el salario mínimo, las pensiones y las prestaciones sociales, así como asaltos a reuniones sindicales (5) porque, como ha dicho el propio Yatsenyuk, “la economía no está funcionando”. Este filonazi, que ejerce de primer ministro y califica de “subhumanos” a los habitantes del Donbáss, ha dicho en la Rada ucraniana que “la magnitud de los beneficios sociales y salarios del sector público tienen que reducirse como se hizo en Grecia e Italia”. Sin comentarios.

Tal vez por eso las políticas sociales que ya están funcionando en las repúblicas populares del Donbáss están siendo vistas con simpatía por una parte cada vez mayor de la población del Este de Ucrania, de forma especial lo que se considera “desoligarquización” aunque sea aún débil y se ciña sólo a los oligarcas pro-Kiev.

La solidaridad con el movimiento anti-Maidán del Donbáss es un deber porque, además de lo dicho, se está enfrentando con las armas al fascismo. Se ha convertido en nuestra primera línea y si es derrotado, y como decía Martin Niemöller en su poema, el fascismo llegará a nuestras puertas pero ya no quedará nadie para protestar.

Notas:

(1) El término aparece en https://web.archive.org/web/20140615062948/http://usa.mfa.gov.ua/en/press-center/news/24185-mi-uvichnimo-pamjaty-gerojiv-ochistivshi-nashu-zemlyu-vid-nechistiarsenij-jacenyuk-u-spivchutti-ridnim-i-blizykim-zagiblih-vojiniv-u-lugansyku aunque ha sido sustituido en la versión corregida de la página de la embajada de Ucrania en Washington por la de “inhumanos”. (2) http://www.kyivpost.com/content/ukraine/ukraines-land-agency-give-land-to-soldiers-in-the-east-for-free-352100.html (3) Alberto Cruz, “Lucha de clases en Ucrania” http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article1844 (4) http://www.opednews.com/articles/A-Changing-Narrative-in-Uk-by-George-Eliason-America_Bush_Hero_Heroes-140409-848.html (5) http://www.youtube.com/watch?v=_pdO-OoIL34 (6) Nezavisimaya Gazeta, 26 de junio de 2014.

http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article1866&lang=es

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