Los crímenes de guerra del oligarca ucraniano Poroshenko no cuentan para los trasnacionales de Occidente

Basem Tajeldine
Rebelión

El nuevo presidente de Ucrania, el oligarca Piotr Poroshenko, se ha bautizado en el poder como el más despiadado asesino de masas civiles. Su descarado servilismo a los intereses de EE.UU y sus lacayos europeos lo convierten en el mejor peón de éstos en la región para llevar adelante los planes contra la Federación Rusa y por el control de las riquezas petroleras y gasíferas que subyacen en los territorios que van desde el Mar Negro hasta el Mar Caspio.

Los crímenes de Poroshenko contra la población civil rebelde y antifascista de las regiones del sureste autoproclamadas independientes (Donetsk, Lugansk, Jarkov, Odessa, Slaviansk, Kramatorsk) han terminado por romper las máscaras de los hipócritas de Occidente quienes hasta hace poco había justificado la agresión contra la Yamahiriya Libia bajo el pretexto de proteger los DD.HH de los civiles libios que “estaban siendo bombardeados por las fuerzas de Al Gaddafi” -según las trasnacionales mediáticas.

Muy tarde se supo que los mismos medios habían mentido descaradamente para provocar la intervención de la Organización del Tratado Atlántico Norte (OTAN) en apoyo de los mercenarios yihadistas en tierra [1].

Lo que sucede en el sureste de Ucrania no se trata, esta vez, de un invento de los medios.

Hoy el ejército ucraniano bajo las órdenes del criminal Poroshenko, y con el consentimiento y apoyo logístico de la OTAN, bombardea a los pueblos del sureste de aquel país con armamento prohibido por las leyes internacionales: con bombas de racimo y fósforo blanco, también ha utilizado los sistemas de lanzamisiles múltiples tipo Grad y morteros [2], provocando una verdadera catástrofe humanitaria.

El lacayo Poroshenko ha prometido destruir todas de aquellas regiones rebeldes de ascendencia rusa; una verdadera limpieza étnica. Al tiempo que los medios transnacionales guardan silencio por las víctimas civiles y manipulan al mundo señalando que “se trata de una guerra contra “terroristas” pro-rusos” [3].

¿Por qué no se reúne el Consejo de Seguridad para condenar los crímenes del ilegítimo gobierno de Ucrania?

¿Por qué todas las propuestas de Hojas de Ruta para la paz y la salida negociada al conflicto ucraniano, así como la reciente Resolución promovidas por Rusia en el Consejo de Seguridad son descartadas por el resto de los países que conforman a ese antidemocrático e inservible organismo de la ONU?

La respuesta es muy obvia: para los hipócritas de Occidente cualquier medio, por más cruento que fuese, justifica los siniestros fines de la OTAN en la región.

¿Hasta cuándo podrá Rusia quedarse de manos cruzadas frente a los fascistas de Kiev que han jurado acabar con aquellos pueblos de origen ruso?

Los gobiernos libres y dignos del mundo, los internacionalistas proletarios, los genuinos movimientos de izquierda, y todas las individualidades intelectuales de izquierdas estamos obligados a levantar nuestras voces solidarias en apoyo de aquellos pueblos valientes que hoy resisten a la barbarie del fascismo dirigido por EE.UU. y sus lacayos europeos.

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